La libertad personal y el aborto

ISABEL VILADOMIU OLIVÉ* | Sant Cugat del Vallés  | 26/09/2008 | Actualizada a las 00:01

Afirma Norbert Bilbeny (La Vanguardia 25/09/08) que en el debate sobre el aborto estamos ante dos hechos indiscutibles: en la teoría, un debate filosófico (los derechos de la persona sobre ella misma y el feto) y en la práctica, una cuestión de libertad personal.

El debate del aborto es un debate filosófico en tanto se discute la fundamentación, esto es, en qué basamos los derechos humanos. Para unos, estos derechos humanos los tiene el hombre por ser hombre sin condiciones desde su concepción hasta la muerte, partiendo de la realidad de la existencia física de la vida. Para otros, los derechos humanos vienen dados por un Parlamento democrático que recoge el momento social que vivimos. La autonomía personal prima en nuestros días, como apunta el Sr. Bilbeny. La libertad es el punto de partida sin límite alguno, es el principio operante: si me quedo embarazada y no lo deseo, una ley de plazos me permitirá abortar. Si enfermo y no hay curación, el suicidio asistido, también a la cola parlamentaria, lo solucionará. Los deseos personales y las libertades para actuar se convierten así en «derechos» de dudosa fundamentación y en conflictos irreconciliables. La vida del no nacido versus la libertad de la madre para eliminarlo. Los puntos de partida entre partidarios y detractores del aborto son muy distintos. Unos partimos de la defensa del no nacido como hombre que es y por una realidad que en sí misma exige respeto, o al menos, el beneficio de la duda. Otros, en la total autonomía de la madre sobre la vida de su hijo, al que se puede eliminar a voluntad propia.

En el debate del aborto lo primero a comprobar es la realidad objetiva y antropológica del embrión y feto humano, no podemos empezar por la libertad para abortar, es como empezar la casa por el tejado. El debate es bastante más complejo y engloba aspectos científicos, antropológicos, sociales, éticos y legales. Cada día tenemos más conocimientos por el avance de la genética y de la embriología humana. Nadie sensato, ni el Sr. Bilbeny niega que el embrión y el feto son una vida y si procede de hombre y mujer, es humana desde su inicio. Esta afirmación, acoge el principio de realidad y nos cuestiona sobre los valores que están en juego: ¿es el embrión o feto alguien que posee valores en sí mismo? ¿vale menos un embrión que un feto de cuatro, doce o veinte semanas? ¿puede someterse la vida humana a un criterio de gradualidad o de temporalidad, esto es, vale menos un feto de siete que de veinte semanas tal como propone el Comité de Bioética de la Generalitat? El debate del aborto es irresoluble si no se contempla al no nacido como alguien que debe ser respetado, así de sencillo y de responsable, pues los deseos y las falsas libertades nos están llevando muy lejos. En el 2006, según el Ministerio de Sanidad y Consumo se realizaron 101.592 abortos legales con un incremento del 10,83% con respecto al 2005.

Las palabras no sirven y la ética tampoco pues ya Platón sabía que con las palabras académicas no se explica lo «bueno» que surge de la cordial convivencia que hace brotar las ideas a manera como el fuego se enciende a partir de una chispa. La cordial convivencia entre madres, padres e hijos es lo que está en juego. El aborto, aunque no lo parezca a primera vista, es una forma de violencia ejercida contra el hijo y su madre que desestabiliza las relaciones que nos debemos unos a otros. Las soluciones ante embarazos no deseados exigen otras alternativas al aborto y ayudas a las madres por parte de gobiernos, expertos, médicos y asociaciones. *Associació Catalana d’Estudis Bioètics

http://www.lavanguardia.es/lv24h2007/20080926/53547140944.html

 


Publicado

en

por

Etiquetas: