Tribuna. De comités de ética asistencial y capellanes

El autor defiende la presencia de capellanes en los comités de ética asistencial de los hospitales, dada su formación ética, bioética y filosófica y el pluralismo que su participación añade a estos órganos. Llevo años colaborando con miembros de comités de ética asistencial.

Vicente Bellver. Profesor de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia 06/05/2008

Procedentes de la sanidad, del derecho, de la filosofía, sus puntos de vista en cuestiones éticas son plurales. A pesar de tanta diversidad, consiguen trabajar en equipo porque suelen coincidir en aspectos básicos: que la ética no es cuestión de voluntarismo y que exige formación; que el respeto por las opiniones de los demás es imprescindible para el buen funcionamiento del comité, y que la pluralidad profesional e ideológica enriquece las deliberaciones.

Aunque en España surgieron hace más de treinta años, los comités han encontrado dificultades para su desarrollo, y en muchos sitios no están consolidados. Que ahora los comités de ética ocupen titulares destacados de la prensa tendría que ser un motivo de satisfacción por lo que supone de reconocimiento a unos órganos que aspiran a la defensa de los derechos de los pacientes y a la mejora ética de la asistencia sanitaria.

Lástima que esa repentina notoriedad no se haya debido al desinteresado trabajo que hacen, sino por unas informaciones en las que se da por supuesto que los comités deciden por los médicos, que sus decisiones las toman los curas, y que éstos son unos masoquistas que disfrutan haciendo sufrir a los enfermos. Si cualquiera de estos extremos fuera cierto sería para asustarse, pero afortunadamente sólo lo son en la imaginación de sus autores.

Los términos de la discusión no deberían ser presencia sí o no de sacerdotes, sino presencia preceptiva o voluntaria. No hay país en el mundo en el que funcionen los comités de ética y se haya excluido a los capellanes. La laica Francia prevé la presencia de representantes de las cuatro principales confesiones religiosas y filosóficas del país en su comité nacional de ética, y la religión católica es una de las representadas.

Si en España se prohibiese la presencia de capellanes en los comités, más que facilitar la independencia de juicio de esos órganos, se incurriría en una discriminación hacia ese colectivo y en un ataque contra el pluralismo ideológico difíciles de justificar ante la Constitución y ante la propia esencia de los comités de ética. Los capellanes son expertos en la atención religiosa de las personas.

En principio, prestan sus servicios a los cristianos que los solicitan, pero es frecuente que sean requeridos por gentes con otras concepciones de la vida. Con el incremento del pluralismo religioso en España, muchos capellanes se han preparado para colaborar con otras religiones en la asistencia de las personas hospitalizadas y para ofrecer asistencia espiritual a personas no católicas que no tengan quién les atienda. La formación de los capellanes suele abarcar la filosofía y, concretamente, la ética y la moral, y muchos han adquirido una formación en bioética.

Dejarles fuera de los comités empobrecería la calidad de las deliberaciones porque, entre otras cosas, aportan un punto de vista interesante para comprender la dimensión espiritual de la persona. Pueden hacer mal su trabajo y ser un desastre en su participación, pero no sucede con más frecuencia, quizá con menos, que con otros profesionales.

Su papel real
Desde los comités se ha insistido en que asesoran, no deciden. Las decisiones las toman, y las han de tomar los sanitarios con el concurso de los pacientes. Así lo quieren los comités y los profesionales, y así lo consagran las normas. Insinuar que los comités pueden determinar las decisiones clínicas es hacerles el más flaco de los servicios, y pedir que los capellanes estén excluidos, además de discriminatorio y empobrecedor, atenta contra el derecho de los pacientes a que la perspectiva religiosa y el pluralismo estén presentes en estos foros.

En lugar de promover la autocrítica y el pluralismo para conjurar los riesgos de manipulación en bioética, algunos proponen excluir de los foros de reflexión y deliberación a los que manifiestan públicamente tener una concepción católica de la vida. Así, quien no hace pública manifestación de sus convicciones más íntimas, e incluso quien las hace con tal de que no sean católicas, puede participar en los foros bioéticos.

Esta suerte de exclusión ha sido calificada por Philip Jenkins (que no es católico) como el último prejuicio socialmente aceptable. ¿Se excluiría a una persona por ser miembro de la liga para la liberación animal, el colectivo Lambda, Greenpeace o cualquier otra organización porque su presencia pudiera dar un sesgo de parcialidad a los dictámenes? ¿Por qué, entonces, excluir por razón del credo?

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1119585.html


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