El falso psiquiatra de Morín legaliza abortos desde hace más de 10 años

Admite que autorizó interrupciones en cuatro clínicas de Madrid, entre ellas, Isadora

Pese a carecer de la especialidad, cuatro de los principales centros abortistas de Madrid lo contrataron.

F. Velasco
MADRID- El doctor Miguel Ángel Ibáñez no poseía el título de médico especialista en Psiquiatría. Pese a ello, tenía un contrato de trabajo como tal en la clínica Ginemedex de Madrid, propiedad del doctor Carlos Morín, y, desde el 1 de enero de 2006, era el encargado de firmar los informes preceptivos para que una mujer pudiese someterse posteriormente a un aborto amparado en uno de los supuestos legales. Así se recoge en el Informe Técnico de Inspección que derivó, a la vista de las múltiples irregularidades detectadas, en el precinto del archivo de historias clínicas y a la suspensión de actividades de interrupciones voluntarias de embarazos.
Este facultativo manifestó a los técnicos de la Comunidad de Madrid que desde principios de ese año firmaba los dictámenes como «máster en Psiquiatría», titulación que le fue otorgada en enero de 2007 y que él consideraba «como válida para el ejercicio de esta función».
Pero no sólo ejerció como psiquiatra en Ginemedex sin serlo, sino que, según admitió él mismo, era algo que venía realizando desde hacía años y en distintas clínicas destinadas a la práctica de abortos. En concreto, manifestó a los inspectores que había «ejercido el mismo trabajo desde 1997 hasta 2006 -año en que se incorpora al centro de Morín- en las siguientes clínicas de Madrid: El Bosque, Dator, Isadora y Mayrit», según consta en el Informe Técnico de Inspección, a cuyo contenido integro ha tenido acceso LA RAZÓN.
Sobre los informes «psiquiátricos», en el escrito remitido por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid a los juzgados de Plaza de Castilla se detalla cómo la inspección llevada a cabo en la clínica Ginemedex acreditó que se utilizaba un modelo «estandarizado» que se empleaba «para la realización de abortos en caso de grave riesgo para la salud psíquica de la mujer», es decir, se utilizaba un «documento-tipo, de tal manera que la sintomatología se refiere idéntica para todas las mujeres a quienes se haya expedido el mismo».
«Ha quedado acreditado que D. Miguel Ángel Ibáñez Domínguez está firmando informes como psiquiatra para la realización de abortos por grave riesgo para la salud psíquica de la mujer, a pesar de que carece del título de la especialidad de psiquiatría, lo cual puede constituir un delito de intrusismo», señalaba la Comunidad de Madrid.
Graves anomalías
Pero las dudas sobre el respeto a la legalidad en Ginemedex van más allá de todo lo relacionado con los preceptivos informes psiquiátricos y la necesidad de que éstos sean firmados por un médico que cuente con la correspondiente especialidad. La Inspección encontró otras graves anomalías. Así, en los diarios de quirófano «no se recogen todas las intervenciones realizadas», por lo que «se realizan intervenciones no reflejadas en el libro y por profesionales desconocidos, de los que no se tiene constancia ni titulación».
De este modo, los técnicos señalan que en el libro de quirófano se recogen intervenciones practicadas por el ginecólogo Ramón Tanda que éste aseguró no haber hecho, por lo que se desconoce quiénes fueron los que las llevaron a cabo. Este facultativo refirió que existían historias «en las que consta su firma e identificación», pero que él no atendió «a dichas pacientes».

Fuente: La Razón


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