Agua limpia para el Tercer Mundo

 

Agua limpia para el Tercer Mundo
ABUL HUSSAM , Inventor del filtro que depura el agua envenenada de Bangladesh
Luchando contra los elementos, Bangladesh se levanta a duras penas sobre los deltas de tres grandes ríos del sureste asiático, el Ganges, el Brahmaputra y el Meghna, que sumergen a dos tercios de esta pobre y atrasada nación bajo las aguas cada vez que llegan las lluvias torrenciales del monzón. Así ocurrió durante el verano pasado, cuando las inundaciones volvieron a cebarse sobre Bangladesh debido a las fuertes tormentas registradas y al deshielo de los picos del Himalaya, que hace aumentar el caudal de los ríos peligrosamente y se cobra cada año cientos de vidas. Con gran parte del país situado a sólo 12 metros sobre el nivel del mar, la mitad de Bangladesh se hundiría si los océanos se elevaran un metro.
Alerta medioambiental
Para colmo de males, esta abundancia de agua trae el problema añadido de la contaminación, por lo que la agricultura, de la que viven más del 65 por ciento de sus 145 millones de habitantes, se encuentra seriamente amenazada por la degradación del medioambiente y el uso extendido de peligrosos pesticidas que contienen hasta arsénico. Para luchar contra este problema, el profesor de Química Abul Hussam, que nació en Bangladesh e imparte clase en la Universidad George Mason de Virginia, ha inventado un sencillo pero utilísimo filtro con el que depurar las aguas que manan en el subsuelo de su desdichado país.
El filtro «Sono», como ha bautizado Hussam a su creación, es una rudimentaria herramienta de hierro que utiliza arena, carbón y trozos de ladrillo para absorber el 98 por ciento del arsénico y de las impurezas que contiene el agua de los pozos en Bangladesh, que los campesinos utilizan no sólo para regar sus tierras, sino también para beber. Así, una cesta con arena de río y compuesto de hierro sirve para filtrar el arsénico en un primer paso, mientras que en el segundo se emplea el carbón y, en el tercero, trozos de ladrillos que eliminan las partículas más finas y estabilizan el agua.
Sólo 35 euros
De fácil mantenimiento, el filtro cuesta sólo 35 euros y sirve para dos familias durante al menos cinco años, por lo que ha contribuido a mejorar el nivel de vida y la salubridad del agua que utilizan cientos de miles de habitantes rurales de Bangladesh.
En su primera convocatoria, el invento del profesor Abul Hussam mereció el año pasado el reconocimiento del Premio Grainger Challenge, dotado con un millón de dólares. Mostrando su compromiso con los más desfavorecidos, el profesor aseguró que iba a destinar el 70 por ciento del premio a distribuir los filtros en los lugares donde era más necesario, mientras que el 25 por ciento se iba a invertir en investigación y otro 5 por ciento más en donaciones humanitarias.
Uno de los motivos por los que el filtro «Sono» se hizo con dicho galardón fue por su relativamente bajo coste y su escaso impacto ambiental, ya que ni siquiera necesita electricidad.
En otros países
Desde 1993, Abul Hussam ha estado implicado en este proyecto, dentro del cual también desarrolló un medidor del nivel de arsénico en el agua. De hecho, sus aportaciones para mejorar la calidad del agua son tan valiosas que tiene previsto implantar su filtro «Sono» en otros países como India, Nepal y Suráfrica.
«La gente me cuenta cómo sus síntomas por el envenenamiento de arsénico se han reducido o incluso han desaparecido con la utilización de este filtro», asegura el profesor Hussam, quien no sólo ha conseguido mejorar la salud de muchos de sus compatriotas, sino también la belleza de sus mujeres. «Las mujeres ahora prefieren lavarse la cabeza con el agua filtrada porque dicen que les deja el cabello más bonito y suave», bromea Abul Hussam, que se ha convertido por méritos propios en un héroe del medioambiente en Bangladesh.

 Fuente: ABC


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